Ya desde el primer día todo fue una sensación extracorporal.
Después de comer ya no llovía y queríamos ir a la playa así que nos adentramos en medio de los médanos en medio del bosque tupido y frondoso y encontramos el sendero lumínico. Sí, el sendero lumínico. Debo advertirles que el sendero lumínico era algo extrasensorial y que luego de atravesarlo recién uno podía ver la Viá Láctea. Lo mejor es meterse al mar de noche observando la Vía Láctea.

Luego, al regresar, volvimos por el sendero lumínico y en ese momento desarrollamos una sensación de adrenalina y velocidad que no se puede comparar con la primera vez que traspasamos el sendero lumínico, que fue casi como una sensación de espiritualidad absoluta. Hay que repetirlo.

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