- ¿Donde estas?
- No lo sé. ¿Cómo puedo saberlo? Estoy cayendo. Dios mio, estoy cayendo.

Caían. Y se separaban siguiendo distintos caminos, ya nunca volverian a reunirse otra vez. Estaban encerrados en sus trajes del espacio, con los rostros palidos en los cascos de vidrio. Ahora en vez de hombres eran voces.
En el espacio, las voces extrañas empezaron a tejer. Salían y entraban como en un oscuro telar gigantesco, cruzandose una y otra vez como si fuera un dibujo.

-¿Qué pasó?
- El cohete estalló, eso es todo. Los cohetes estallan a veces.
-¿Hacia donde vas?
- Parece que caeré en La Luna.
- Yo en La Tierra, voy a llegar a quince mil kilometros por hora. Voy a arder como una cerilla.

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